NUEVO ENFOQUE DE DESARROLLO: INTERCAMBIO DE SOLIDARIDAD

21.02.2018

Desarrollar es avanzar en el sentido de la historia y del talento de un pueblo; un buen desarrollo es valorar lo que hacían nuestros padres, tener raíces". Jean Malaurie. Etnólogo, geógrafo y editor francés, 1922.

Desde ASTREA ONG os ofrecemos nuestra visión acerca de nuevos enfoques en cooperación al desarrollo, conociendo el histórico y observando lo actual. Porque nosotros/as, en nuestro día a día, cada vez estamos más convencidos/as de que los planteamientos, estrategias y modos de trabajo que defendemos son eficaces y realmente funcionan. Éstos se basan en una filosofía en la que pierde fuerza el significado tradicional de las palabras desarrollo y progreso, y se refuerzan las de solidaridad, intercambio, paz, cultura...

Enfoque de desarrollo

El 20 de enero del 1949 el presidente de EEUU Truman pronunció en el Congreso norteamericano el discurso que supuso en cierta manera el inicio de los procesos de cooperación internacional mantenidos hasta hoy. Desde entonces ha llovido mucho, pero no se ha avanzado tanto. En esta fecha tan señalada, tres cuartas partes del mundo aprendieron que eran subdesarrolladas, lo interiorizaron y en muchos casos comenzaron a comportarse como tal; intentaron integrar términos como productividad industrial, renta per capita, incluso índice de desarrollo humano, todos ellos tan ajenos e inútiles como poco demandados.

Tras 62 años ya de búsqueda de crecimiento económico a un ritmo pautado por la superioridad occidental, persiguiendo el desarrollo del progreso científico y económico, intentando reproducir sistemas y mercados de trabajo en entornos donde nunca surgirían por sí mismos, fomentando la productividad y explotando masivamente nuestros recursos naturales, no nos queda más remedio que reconocer que esta promesa de bienestar para todos/as ni ha llegado ni llegará.

Entre tanto lo que sí ha llegado ha sido la globalización (este interesante movimiento que nos hace conscientes de la gran brecha entre diferentes partes del mundo), el malestar social en los países ricos, el fin del welfare o Estado del Bienestar, la destrucción de los servicios públicos y el desmantelamiento de los sistemas nacionales de protección social... Y todo ello en pro de la "fabulosa" sociedad de consumo con el individualismo como valor y la posesión como indicador, y un mundo que a este ritmo en unos años ya no nos podrá albergar. Desde luego, las perspectivas no son muy buenas, pero la batalla no está perdida. Somos muchos los que tenemos capacidad para incidir, para promover y creer en un mundo más justo y solidario, y hacer de ello nuestra bandera sin importarnos nada más que los valores de paz, justicia y equidad para el mundo entero.

Así, no podemos menos que ser cada vez más conscientes de que es necesario un cambio global, un replanteamiento de las formas en que las sociedades desarrolladas ejercen su ayuda a la sostenibilidad de las personas más desfavorecidas. No se puede seguir sosteniendo un sistema que continua restringiendo la ejecución de las estrategias de cooperación al desarrollo a los donantes tradicionales, con metodologías obsoletas que dejan de lado factores tan esenciales como las necesidades y las demandas locales y las capacidades de las culturas para asumir según qué cambios, basados en la donación y, tras su consumo, en el abandono.

Obviamente, no todo es malo, las aportaciones económicas en ciertos casos son necesarias y bienvenidas por las organizaciones que con ellas somos capaces de levantar proyectos de cooperación en cualquier lugar del mundo, pero no es menos cierto que no es ese el enfoque que debería protagonizar este largo camino a favor de la consecución de la igualdad de derechos y el desarrollo global. Dicho enfoque debería basar sus principios en el protagonismo de la sociedad civil, tanto la del norte como la del sur, asegurando la unión organizada y efectiva de los diferentes actores que la componen (empresas y universidades públicas y privadas, ciudadanos y ciudadanas...). Debería ser esta hasta ahora desaprovechada fuerza la que liderase las labores de participación social y de cooperación al desarrollo, y ello puede llevarse a cabo de una manera mucho más amplia que con una simple donación económica.

Pero, la sociedad civil está compuesta de personas, personas que en principio hemos crecido, hemos interiorizado la cultura de una sociedad consumista y desarraigada y para las que, a pesar de estar de acuerdo con todos los planteamientos iníciales, nos tenemos que preguntar: ¿estamos dispuestos a cambiar? ¿qué tenemos que cambiar? ¿qué vale y que no? ¿qué queda? Es decir, la sociedad civil tendría mucha fuerza con personas dispuestas a cambiar, a crecer y a independizase de toda una carga en gran parte generada en Occidente que dinamiza hacia dónde no es, y que a pesar de que lo neguemos sigue confundiendo solidaridad con caridad.

Por lo tanto, para tener una sociedad civil lo suficientemente fuerte como para incidir en las dinámicas sociales y de desarrollo, ha de contar con personas que se cuestionen muchas cosas y que estén dispuestas a renunciar a muchas otras, pero siempre con la certeza de que ganarán muchísimo a cambio. Sobre esta base, debería ser asentada la participación de todos/as, dotando así de nuevas herramientas a la sociedad civil al mismo tiempo que se le hace consciente de su papel y su posición en el mundo, así como de las responsabilidades que de ello se generan.

Otro camino es posible...

Por ello, desde ASTREA ONG trabajamos desde hace años bajo el convencimiento de que el nuevo modelo de participación y cooperación que debe protagonizar las acciones solidarias de nuestra sociedad, debe partir y tener su fundamento inexorablemente en un pacto global de actores que, conscientes de su fuerza, luchasen por coordinarse y ejercer su intervención social de manera diferente. Para ello, las administraciones públicas, los organismos de gobierno, y también las propias ONGs y asociaciones, deberían establecer las pautas necesarias que incentiven a la sociedad civil en este sentido.

Un modelo con semejante base e implicación de todos los actores de la sociedad tendría una fuerza enorme de actuación y de influencia real en los procesos de cambio y desarrollo de los más desfavorecidos. En ASTREA ONG tenemos buenas muestras que prueban que esta afirmación está lejos de ser una utopía, y que bien al revés dan cumplida cuenta de su efectividad real y su enorme impacto.

Este es el modelo de cooperación y participación que propugnamos y por el que luchamos cada día. La implicación de todos los actores y actrices de la sociedad civil en la toma de decisiones y la ejecución de los programas supone aunar un enorme potencial que, además de lograr impactos muy efectivos en las comunidades que los reciben, conlleva un crecimiento personal para sus participantes que, sin lugar a dudas, desembocará en una nueva forma de comprender y ver el mundo cada vez más generalizada.